domingo, 27 de mayo de 2012

Yo, sustancia incorpórea abstracta


Aquí, fuera de mi vida y dentro de mi cuerpo es donde resido.
Puedo volar,
soñar y recorrer los senderos que quiera.
Compuesto de gas.
Parte de lluvia.
Un buen pensamiento.
Portador de delirios,
de imaginaciones,
de todo lo que no tiene forma exacta.

Soy todo lo que no quiero olvidar,
soy la “d” de desesperación,
la “e” de ensueño.
Todas las pesadillas del materialista.
Soy fino,
transparente,
cuelgo de los tejados,
cuelgo de los cuadros,
quiero colgarme de las manos.
Algo que nadie puede coger,
que sólo “alguien” puede rozar.
Soy algo propio,
fuera de materia,
lejos de temores,
lejos de la posesión.
Siento los temblores,
también los provoco.
Creo mundos nuevos,
en los que vivo,
en los que invito a vivir,
donde no llueve.
Puedo viajar, vertiginosamente,
como pluma,
como rayo, si me dejan.

sábado, 26 de mayo de 2012

viernes, 25 de mayo de 2012

jueves, 24 de mayo de 2012

La historia de una mujer (VI parte)



Cuando tuvo asegurado el capital, una residencia y otras tantas cosas vendió sus acciones y se dedicó en cuerpo y alma a aquel hobbie: la pintura. Expuso en tantas galerías y compraron tantos cuadros que no pudo decir que no a la oferta que le hizo uno de sus contactos.

Compró su propia galería, y quizás si os la describo no me creeréis, pero tenía tanta luz, que si algún día se apagara el sol, aquel lugar podría ser un buen centro de energía diurna.

Vivió una vida plena, nunca le falto nada. Desarrolló todas sus habilidades y viajo por todo el mundo. Con todo el mundo me refiero a que pasó por los cinco continentes, y que cruzaba fronteras como el que da una vuelta a la manzana. Su amplia colección de fotos y recuerdos lo corroboraban. Aunque cuando se calzaba los tacones nadie hubiera dicho que había utilizado otro calzado.

A los 45 años dejó la galería y su residencia en su país natal y se marchó. Nadie sabe dónde fue, algunos dicen que se encontraba en algún lugar recóndito de la India, otros decían que se había asentado cerca de Birmania o en una gran casa cerca de un lago en Canadá.

En fin, esta es toda la historia que sabemos de Gina, que es así como se llamaba la protagonista de nuestro relato. FIN.

miércoles, 23 de mayo de 2012

martes, 22 de mayo de 2012

La historia de una mujer (V parte)


Durante su adolescencia hizo mucho deporte, probó distintas modalidades y nadie podía decir que no estaba en forma. Pero poco a poco lo fue dejando y la idea de retomarlo era algo que siempre postergaba, por pereza, o por apatía –no está segura. Después de su adolescencia perdió mucho peso. A veces piensa que el hacer tanto deporte le hacía coger gran musculatura, a parte de que en la adolescencia siempre se tiene un cuerpo, pues eso, de adolescente –eran sus explicaciones.
Y a propósito de las explicaciones, odiaba darles explicaciones a los demás, las cotizaba caras, en cambio ella siempre estaba dándose explicaciones a sí misma, constantemente. Justificaciones morales, psicológicas, sociales, ambientales, circunstanciales y ni se sabe cuántos volúmenes de teorías sobre sus actos y sus convicciones -se pregunta si alguien se habría percatado de que en realidad es así.
Ella no se dejaba conocer, eso algunos lo sabían. Algunas de sus amigas tendían a repetir la misma frase en diversas ocasiones acerca de sus actos: “es que ella es así”.
A veces le dolía la cabeza de pasar tantas horas frente al ordenador, principalmente leyendo lo que otros habían escrito, sobre todo, escritores nobeles. Le encantaba descubrir los pequeños mundos interiores de cada uno y sus distintas perspectivas. Así ella podía analizar las cosas de forma facetada –estaba firmemente convencida.
Le encantaba recibir emails, cartas y otros documentos de carácter personal, aunque fueran pocas las ocasiones en que llegaban a sus manos. Los demás parecía que no compartían ese gusto por la escritura.


Emprendió varios negocios durante su juventud junto con algunos socios. Nadie hubiera pensado que llegarían hasta donde llegaron, ni ellos mismos. Comenzaron con pequeños negocios locales que fueron extendiéndose como la pólvora. Luego un bar de copas... y posteriormente acabaron montando una de las salas de fiesta más importantes a nivel internacional. A raíz de esto, la mujer de nuestro relato no tuvo por menos que echarse a dormir, como se suele decir. Pero sólo fue por una temporada.
***CONTINUARÁ***

lunes, 21 de mayo de 2012

La historia de una mujer (IV parte)


Había personas que simplemente pensaban que era una payasa. Que hacía reír pero que no tenía ninguna utilidad. La verdad es que nunca comprendió eso de tanta carcajada, rara vez le hacían gracia sus propias bromas. Lo que sí que reconocía es que era una persona de carácter alegre, aunque tuviera esas épocas de hastío y depresión que descolocaban a todo el mundo.
La verdad es que le sacaron muchos defectos a esta mujer, recibió muchas críticas desde muy joven. Vivió en un pueblo pequeño donde la gente era muy tradicional, siempre creyó que había caído allí por error, si no ¿por qué? Pero de una forma que ni ella misma, ni nadie, se explica, levantaba algo de admiración en aquellas personas con un comportamiento tan años luz del suyo.
Lo que también despertaba eran envidias, o eso quería pensar ella a veces para justificar el comportamiento de determinadas personas. Eso era un truco para poder subsistir.
Siempre en lucha consigo misma, le encantaba entrar en contacto con la naturaleza, los animales y viajar. Aunque durante muchos años de su vida reprimió estos impulsos. Diversas circunstancias –se excusa. 


Había visto muchas películas pero siempre pensaba que le hubiera gustado entender de cine en condiciones, como los críticos de los periódicos. Le sucedía lo mismo con la lectura, aunque fuera en muy contadas ocasiones cuando declaraba en público cosas que había leído y cosas que no.
La gente estaba segurísima de conocerla, ella, sin embargo, pensaba que pocos eran los que la conocían de verdad. Era un pensamiento lógico, ya que utilizaba una gran máscara que nunca se quitaba, como el protagonista de V de Vendetta
***CONTINUARÁ***

domingo, 20 de mayo de 2012

La historia de una mujer (III parte)



Ella resaltaba entre sus defectos, sobre todo, que no era competitiva, que no era una persona autosuficiente que pudiera abrirse camino en la vida. Sobre sus virtudes también señalaba muchas, pero ninguna se atrevería a afirmarla al cien por cien. Sobre todo si los demás decían lo contrario.
A pesar de todo esto había hecho muchas cosas por sí misma, y sobre todo se había acomodado en muchos corazones, pero eso ella no lo sabía. O a veces pensaba que no lo quería ver, por unas razones que eran desconocidas para la humanidad hasta ese momento de existencia.
Le encantaba hacer regalos a los demás, pensarlos, comprarlos –o fabricarlos-, envolverlos y finalmente ver la cara de felicidad que se le ponía al receptor. Lo malo es que no contaba con mucho dinero, por lo que no lo hacía con tanta frecuencia como le gustaría.
Tenía, por otra parte, unas dotes comunicativas muy marcadas, aunque pocas veces se atreviera a demostrarlo y rehuyera de hablar en público. Ella pensaba, entonces, en Shakespeare: “El amor huye al amor como el colegial huye del libro”. Creía que algo así era lo que la sucedía al respecto.
Sus dibujos no eran muy buenos, pues dibujar como tal, no era una de sus especialidades. Aunque ella estaba convencida de que tan sólo le faltaba práctica. Eso sí, tenía una gran creatividad y un indudable sentido de la belleza. Algo así le pasaba con escribir. Lo que le parecía extraño es que, hiciera lo que hiciera, a la gente le encantaba. Ella pensaba que lo decían para no hacerla daño. El único enigma que no podía descifrar era porqué se ofendía la gente cuando no creía en su opinión. Cada persona es un mundo –eso lo tenía siempre presente.
***CONTINUARÁ***

sábado, 19 de mayo de 2012

La historia de una mujer (II parte)


No vamos a decir que tenía muchos amigos porque sería quedarnos cortos. Conocía a infinidad de gente, a la que, misteriosamente, caía bien. Tuvo sus años de humor, ácido, irónico e inteligente. Uno de sus jefes le llegó a decir que si Woody Allen la hubiera conocido, se hubiera enamorado de ella.
Y la cosa que más llamaba la atención a los que la conocían: casi siempre estaba sola. Sola o con su can. De esta manera podía resolver sus dilemas internos sobre el manual no escrito de la vida.
Escribía poesía de vez en cuando, aunque hay que reconocer que tuvo sus épocas de altos y bajos en este campo. Así sucedía con sus amantes, amigantes o lo que fueran, que ni uno solo la olvidaba.
Le pasaba lo mismo con los amigos, puros y duros, a los que siempre embaucaba con sus aires misteriosos y galanes. Muchas veces todos pensaban que revivían y protagonizaban una de las películas de Bogart. Y otras veces, de otra clase. Tenía un gran romanticismo innato, hasta su físico lo corroboraba. Muchas veces la relacionaron incluso con personajes de leyenda, tales como los vampiros.
Otras veces le sacaban parecido a alguna actriz famosa, sobre todo en sus salidas nocturnas. Ella se sentía halagada, la verdad es que con los años aprendió de sí misma que le gustaban los piropos –aunque muchas veces fueran mentira, eso no lo olvidaba–.
Curiosamente se le daba bien en la vida, decían, todas las cosas que no tenían valor. Valor para la vida material, supongo. Poesía, escritura, pintura… Lo justo para desenvolverse en un mundo de crisis y apagado de esperanza.
***CONTINUARÁ***

viernes, 18 de mayo de 2012

La historia de una mujer (I parte)


Os voy a contar la historia de una mujer. Una, para la que dormir por las noches era un reto, madrugar, una depresión, y tolerar cada día se le hacía más difícil.
A esta mujer le habían amado pocos hombres, los justos. Y a todos los perdió. Una veces por inmadurez, otras veces por no corresponderles y otras veces… por abandonarles, sin más.
La historia, la verdad es que no es bonita, es larga y trágica, acabando siempre en profundos desamores y vacíos existenciales.
Ésta era una mujer de excesos, de superficialidades y banalidades. De admiradores y de detractores. Discutió con mucha gente durante su vida, peleó y muchas veces perdió. Otras tantas veces ganó, para darse cuenta ella misma que estaba equivocada tiempo después. Sus ideas cambiaban constantemente, parecía un torbellino. A veces se recordaba ella misma a esa amiga suya italiana, que era, sin duda, un tornado.
No sabía qué buscaba, qué esperaba de la vida, ni qué era ésta. Pero sí sabía lo que no quería: caer en una alienación mental y sentimental del sinsentido y estar completamente vacía. Esto era una paradoja que se manifestaba cuando se daba cuenta de que había pasado una vida entera evitándolo por todos los medios (extravagantes o no), y al final era lo único que había conseguido.
Será por eso que se acordaba muchas veces de esa frase: “a menudo encontramos nuestro destino por los caminos que tomamos para evitarlo”.
También se pasó muchos años de su vida esperando a su amor verdadero. Ese, que todavía aún afirma, que conoció, pero como muchos trenes, no lo cogió, y él se marchó.
***CONTINUARÁ***